Proyecto pionero celebra una década monitoreando flujo de carbono en bosques y turberas en Chiloé

una decada torres eddy covariance

10 lecciones aprendidas, llamó el científico Jorge Pérez a los principales conocimientos adquiridos gracias a esta investigación de largo plazo, durante la celebración de su aniversario número diez en la Estación Biológica Senda Darwin.

Los suelos de Chiloé guardan el mayor contenido de carbono de los bosques templados del mundo; los incendios producen la pérdida del 90% del carbono de los bosques, los bosques maduros siguen fijando carbono a diferencia de lo que se cree y que ha justificado la tala de los bosques antiguos en el país, y que la sequía de verano hace que los bosques se conviertan en fuente de carbono, es decir, que pasen de absorberlo a emitirlo, fueron parte de los principales resultados que destacó Jorge Pérez, científico del Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB), quien lidera esta investigación pionera en Chile.

Sus declaraciones se realizaron durante la ceremonia de aniversario de la iniciativa, efectuada en la Estación Biológica Senda Darwin, que es parte de la Red de Sitios de Estudio Socio Ecológicos de Largo Plazo (LTSER). En esta área protegida ubicada en Ancud, Chiloé, están instaladas las torres llamadas Eddy Covariance, que miden el intercambio de dióxido de carbono entre los ecosistemas y la atmosfera, lo que permite saber si un ecosistema es fuente o sumidero de carbono, información relevante ante la situación actual de crisis climática.

La jornada congregó a más de 30 asistentes de organizaciones y servicios públicos que se relacionan con Senda Darwin en el territorio. Durante la actividad científica se expuso sobre los principales resultados de la investigación de largo plazo y se visitaron en terreno las torres, con las que se realiza el monitoreo en bosques y turberas.  

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“Nunca me imaginé que íbamos a estar celebrando los 10 años, y es muy importante hacerlo  porque no es fácil realizar una investigación continua por una década. Esto es un logro de mucha gente que ha trabajado en el proyecto”, comentó Jorge Pérez, científico líder de la investigación y académico de la Universidad de Chile, quien además destacó la alta convocatoria e interés de quienes asistieron a la actividad. “Ver la recepción de la gente, no solo de científicos, sino de representantes de municipalidades, propietarios y de otros proyectos de conservación, me dejó muy contento. La concurrencia fue muy variada y muy bien recibida”, expresó.

El científico destacó que en estos diez años de monitoreo se han conseguido resultados sorprendentes. “La consecuencia de la investigación de estos 10 años es que realmente hemos podido demostrar la importancia de conservar los bosques y las turberas a través de resultados científicos. Creo que ese es el principal logro”, enfatizó.

Por su parte, Aníbal Pauchard, director del Centro Basal IEB quien también estuvo presente en la ceremonia, evaluó satisfecho la actividad. “Fue muy grato ver que estaban todos contentos, tanto por la actividad científica propiamente tal, como con las repercusiones que el proyecto tiene en su día a día, en sus propias problemáticas, organizaciones locales, empresarios y también en personas de Gobierno para quienes los datos y el conocimiento que se logra aquí en Senda Darwin, puede ser utilizado en sus actividades de conservación y desarrollo”, destacó.   

El director del IEB y académico de la Universidad de Concepción, también se refirió a la importancia del trabajo en la medición de los flujos de carbono. “Este tema llegó para quedarse y va a expandirse aún, pues se necesitan estas torres en diferentes puntos del país. Son 10 años de trabajo con las torres, pero 30 años de trabajo en la Estación Biológica Senda Darwin, pues las investigaciones están conectadas entre sí y se nutren de un trabajo colaborativo de mucho tiempo”, puntualizó.

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El investigador también se refirió a los desafíos que se vienen después de 10 años de monitoreo, destacando la necesidad de un apoyo estatal más consolidado respecto a los estudios de largo plazo y considerando la crisis climática y la crisis de la biodiversidad. “El esfuerzo que están haciendo las investigadoras e investigadores es potente, estamos en la dirección correcta, pero a la vez veo que realmente necesitamos más apoyo estatal y del sector privado, porque hay mucho trabajo que se ha hecho realmente a fuerza personal y de grupos pequeños”, expresó.

Invitados

En la actividad estuvieron presentes representantes de diversas organizaciones e instituciones públicas y privadas, también propietarios y representantes del mundo campesino, quienes se mostraron muy contentos por conocer sobre la historia y resultados de esta investigación.

Segundo Aquintuy, campesino propietario de bosques y turberas y representante de la Agrupación Red de Turberas de Chiloé, se mostró agradecido por la invitación. “Esto es un gran aprendizaje para nosotros y ojalá que en unos años más estas investigaciones lleguen a pequeños propietarios como nosotros que conservamos lugares. Fue muy buena la experiencia aquí en Senda Darwin, donde cada vez que vengo aprendo algo nuevo”, expresó.

“Ojalá siempre sigan habiendo iniciativas como éstas. El trabajo que está haciendo Senda Darwin es muy relevante para la conservación y para entender mejor el bosque de Chiloé”, señaló Aníbal Rojas, administrador de Parque Tepuhueico, quien también destacó la importancia de la colaboración para la conservación de la biodiversidad. “Creemos que esto es un inicio para empezar a colaborar y trabajar en conjunto, porque la conservación tiene que ser multidisciplinaria y en conjunto con más personas y todos los actores que son relevantes, abierta a la comunidad, a las personas que tienen predios agrícolas, parques de conservación, investigadores, autoridades públicas, etc. Eso es lo que se vio hoy día acá, nos juntamos todos y pudimos llegar a buenas conversaciones, conclusiones y aprendizajes”, destacó.

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Por su parte, Felipe Escalona, fundador de Real Ecosystem y Carbon Real, empresas privadas que generan negocios en torno a la conservación, destacó la importancia de los resultados y los conocimientos adquiridos durante los 10 años de investigación y cómo la empresa privada debería utilizarlos. “Las empresas privadas tenemos la obligación de hacer propia esta ciencia, en el sentido de incorporarla en el diseño de nuestro negocio y desarrollo de la empresa. No solo tenemos como objetivo generar utilidades, sino también un impacto en la gente y la naturaleza”, enfatizó.

Torres Eddy Covariance en Chile  

Entre los asistentes estuvieron presentes también profesionales del Centro Internacional Cabo de Hornos para Estudios de Cambio Global y Conservación Biocultural, Centro CHIC, lugar donde también se instalaron dos torres Eddy Covariance en el Parque Omora, Isla Navarino, monitoreando flujo de carbono.

“Tenemos dos torres Eddy que ya van en su tercer año o sea nosotros estamos recién comenzando, pero parte de ese impulso ha venido desde acá mismo, de este proyecto pionero”, destacó Camilo Quidel, director de desarrollo y transferencia del Centro CHIC.

Camilo destacó la importancia de recopilar datos durante los diez años de monitoreo con las torres de Chiloé y la alianza entre los dos sitios. “Para nosotros tiene una real importancia aprender más y mantener esta colaboración, ya que Magallanes alberga casi la mayor cantidad de turberas del país. Esto ya está dando resultados con los bosques, se está probando en turberas y como dijo Jorge es posible que sean reservorios mucho más grandes de gases de efecto invernadero, por lo que es importante para nosotros mantener esta relación y estas mediciones activas”, puntualizó.

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Actualmente existen seis torres Eddy Covariance monitoreando Carbono en Chile, dos en Senda Darwin monitoreando bosque y turbera desde el 2013, otra en un bosque de alerce, en el Parque Alerce Costero, y a partir del 2022 se instalaron dos torres más en el Parque Omora en la Isla Navarino, también en un bosque y una turbera, y la sexta está en el Parque Nacional Fray Jorge en un en un matorral semiárido.

“El desafío es que los seis sitios funcionen bien, porque no es fácil mantener los equipos funcionando y con un nivel de procesamiento de datos que nos permitan ir sacando resultados pronto y ojalá ampliar la red, porque hay ecosistemas muy importantes que no estamos monitoreando. Ojalá tuviéramos, al menos, una estación en cada uno de los grandes tipos de ecosistemas que tenemos en Chille, ampliando la red y consolidándola para que el Estado reconozca la importancia de poder tener estos datos de flujos de carbono o flujos de agua de todos los ecosistemas. Creo que ése es uno de los grandes desafíos”, concluyó Jorge Pérez.